03 abril 2018

¿What's up con el WhatsApp?



por Alejandro Rodríguez Valenzuela 

Pareciera ser que la más popular aplicación de mensajería instantánea WhatsApp ha tomado esa expresión tan utilizada en Estados Unidos What's up ¿Qué hay? ¿Qué pasa? para nominarse y posicionarse en el ranking mundial como la número dos luego de Facebook, con la friolera de más de 1,2  millones de usuarios, casi 16% de la población mundial que se comunica utilizando esta aplicación.


Nuestro país no es la excepción ya que niños, jóvenes, adultos y adultos mayores, casi todos, la utilizamos diariamente de una manera totalmente adictiva y altamente distractora. Mensajeamos en una sala de espera, en un viaje de transporte público, mientras caminamos, a veces hasta cuando conducimos. Lo hacen los estudiantes cuando están en clases, hasta los maestros, de vez en cuando dan una mirada a su móvil, cuando sienten que éste vibra.


 WhatsApp actualmente forma parte de nuestra cotidianidad, ha invadido nuestras vidas de una manera muy preocupante, ha reemplazado muchos espacios, ha modificado la manera de realizar nuestras actividades y la forma de comunicarnos…


 Las nuevas tecnologías tienen una nueva trilogía terriblemente peligrosa que está acaparando todo nuestro tiempo. La atención que brindamos a la computadora, al televisor y al teléfono móvil ha reducido nuestra capacidad de comunicación verbal de una manera alarmante, tenemos dificultad hasta de mirarnos a los ojos y expresar frente al otro un sentimientos, cada vez reducimos nuestra capacidad y habilidad personal de relacionamiento humano. El teléfono móvil, al ser intrínsecamente un dispositivo individual, genera egoísmo, más aún en una sociedad como la nuestra, tan conservadora y reservada por naturaleza.


 ¿Quién no ha creado un grupo  de WhatsApp ? ¿Quién no ha sido invitado a un grupo? ¿Quién no forma parte de un grupo? El que responda negativamente  es de otro planeta.


 Los grupos de WhatsApp han cubierto todas las expectativas. Los hay de todas las variedades e intereses:  grupos de compra-venta, familiares, de amigos, compañeros de curso, docentes que tienen grupos con sus estudiantes y hay una categoría muy especial. Los grupos de WhatsApp de padres y madres de familia del curso.


 Estos grupos tienen la extraña capacidad de resolver todos los problemas de los hijos en edad escolar; son como el chico listo de la clase, el que lo sabe todo, el que tiene todo en orden, el que presta la tarea y la carpeta para ponerse al día. A partir de los grupos de WhatsApp organizan  la agenda de los estudiantes, comparten las tareas resueltas, todo aquello que se avanzó en la clase.


 Pero eso no es todo, cuestionan muy duramente la labor de los maestros de sus hijos, critican abiertamente la metodología, el estilo de enseñanza, la didáctica. Todos, de un momento a otro, se convierten en pedagogos, sin darse cuenta de que cada comentario ofensivo resta la autoridad que el maestro tiene; cada comentario contra ellos cava trincheras más grandes y profundas entre las familias y la escuela, un tema pendiente de resolver, y que ambos estamentos piden a gritos se tiendan puentes antes que destruirlos.


 Por todo esto, en las aulas hay cada día más indisciplina, menos respeto. Los estudiantes ya no prestan atención, ni consideran importante escuchar al maestro en la clase, ya no requieren tomar apuntes porque los papás y mamás lo resuelven todo en el grupo de WhatsApp. Pero acá vienen algunas preguntas ¿What's up con la responsabilidad?, ¿What's up con la autonomía que deben tener los estudiantes en su proceso de autoeducación? 


 Les allanamos tanto el camino a los niños y jóvenes en la actualidad que les quitamos toda capacidad de resolución de problemas; viven en un mundo que no los estimula a demasiadas reflexiones, no se hacen preguntas cotidianas sobre sus objetivos a corto y mediano plazo, salvo contadas y extraordinarias excepciones.


 No pienso ni sugiero que los grupos de WhatsApp de padres y madres desaparezcan, pero deben modificar drásticamente sus objetivos y sus estrategias de comunicación. Educar en la modernidad significa desarrollar las competencias personales y la resiliencia, establecer normas y dinámicas distractivas más allá de sentarse a ver televisión o comer mirando el teléfono móvil, generar en cada familia un mundo ordenado que ayude a crecer a nuestros hijos y ese ejemplo compartirlo en los grupos de WhatsApp de padres y madres para motivarlos, y ayudarlos a ellos también a crecer.


 Gastamos miles de bolivianos en comprar un teléfono móvil de última tecnología para un niño que apenas puede sujetarlo, pero nos cuesta comprar un libro de texto para su educación; es decir, no invertimos en libros para fomentar en los niños y jóvenes el hábito hacia la lectura. Estamos formando una generación que cada día lee menos, escribe pésimamente y, peor aún,  no tiene ambiciones de conseguir cosas grandes por sus propios merecimientos, pues la sobreprotección y el darles más de lo que necesitan les está restando  la capacidad de soñar, de atreverse a alcanzar sus sueños con esfuerzo, responsabilidad y voluntad, y, sobre todo, a trabajar duro para alcanzar sus logros personales.


 Finalizo con una frase del filósofo francés Michel Faucault: "Para soñar no hace falta cerrar los ojos, sólo hay que leer".
 

Alejandro Rodríguez Valenzuela es educador, especialista en tecnología educativa y trabaja en el Colegio San Calixto de la Compañía de Jesús desde 1990.

Fuente.
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