19 abril 2018

Transacciones electrónicas: entre extremos



por Reinaldo Marconi

En los últimos días la prensa nacional ha registrado noticias extremas sobre la evolución de las transacciones electrónicas en el país. Unas realzan el potencial de los medios digitales para el comercio electrónico; otras alarman sobre los riesgos de las transacciones vía celular, reflejando el caso de operaciones delictivas desde un centro penitenciario. Las situaciones descritas nos plantean un desafío como país, por un lado, y nos imponen una agenda de trabajo en materia de educación financiera y medidas de prevención, por otro.


 En materia de desafío es importante revisar el punto de partida. El mercado de pagos digitales en Bolivia se encuentra en un nivel de desarrollo precario que requiere un cambio estructural. En base a la información del Sistema de Pagos del Banco Central de Bolivia (BCB), se aprecia que en los últimos tres años la evolución del comportamiento de los tres instrumentos de pagos electrónicos (tarjeta de débito, tarjeta de crédito y billetera móvil) presentan crecimientos importantes, en los que la billetera móvil muestra mayor dinamismo. 


 Sorprende, conocer que el tamaño promedio de las operaciones es bajo, de 40 dólares para tarjeta de débito, 75 para tarjeta de crédito y 2,5 para la billetera móvil. En términos de operaciones, también sorprende el crecimiento de la participación porcentual de las operaciones con billetera móvil, pasando de 3,3% el 2013 a más del 80% entre 2016 y 2017, en el total de las operaciones por medio electrónicos. 


 Los pagos móviles están concentrados en operaciones de recargas, transferencias y giros. Existe una gama poco diversificada de servicios y productos. Así, la incidencia en términos de montos de las operaciones de la billetera móvil, en la economía boliviana es muy baja. Para la gestión 2017, la incidencia de la billetera móvil en relación al sistema de pagos (alto y bajo valor) es de 0,0096%; de 0,4% respecto el PIB y 0,6% respecto las captaciones del sistema financiero nacional. Esos mismos indicadores para Perú presentan niveles de incidencia mucho mayores, llegando en la gestión 2016 a 2%, 10%, y 30%, respectivamente. 


 En base a este diagnóstico se entiende la magnitud del desafío para el desarrollo de los pagos digitales en Bolivia. Las ofertas individuales de los bancos, con productos sobre pagos vía celular, corren el riesgo de quedarse en iniciativas aisladas, sino convergen hacia un enfoque integral, de un ecosistema donde todos aportan. Las otras iniciativas de las operadoras telefónicas, con alianzas limitadas, corren el mismo riesgo de quedarse como iniciativas aisladas. 


 El sistema de pagos del país precisa de una revolución que impulse el salto a las transacciones digitales para generar los beneficios para la economía y sus actores, en base a la construcción de un ecosistema de pagos articulado. El arranque del Módulo de Liquidación Diferida (MLD) del Sistema de Liquidación Integrada de Pagos del BCB se inscribe en esta lógica futura. 


 Esta revolución precisa del concurso de oferentes que tengan una capilaridad significativa para incidir en un cambio estructural. Siguiendo las tendencias internacionales, los modelos de negocios futuros deben vincular los avances de las telecomunicaciones con los servicios financieros.


 Por otro lado, en un contexto de cuestionamientos sobre la seguridad de las transacciones digitales, a raíz de los hechos reflejados en prensa, la cruda realidad impone la necesidad de ejecutar una agenda de trabajo convergente en materia de educación financiera y medidas de prevención, a fin de equilibrar los objetivos de promoción del mercado de operaciones digitales con las acciones de prevención, en el campo de legitimación de ganancias ilícitas, y otras de connotación de ilegalidad. 


 En ese campo, es impostergable que las instancias involucradas en la prestación de servicios de pago móvil ejecuten y articulen sus intervenciones individuales de educación financiera, bajo un enfoque convergente de defensa y protección de derechos del consumidor financiero, para facilitar la masificación del acceso a los medios digitales, transmitiendo las enseñanzas apropiadas, para un mejor uso de estos medios. 


 Asimismo, los actores que operan en la oferta de servicios de pago móvil precisan de mecanismos robustos de monitoreo de operaciones sospechosas para protegerse de las acciones delictivas de legitimación de ganancias ilícitas y otras formas de atentado contra la economía y seguridad de las entidades financieras, de los clientes y usuarios de los servicios. 


 Las presentes reflexiones, muy necesarias, no ponen en duda en ningún momento la necesidad de fondo. Bolivia debe transformar su matriz de pagos y uno de los elementos centrales es fortalecer una red financiera tecnológica integral (público-privada), robusta, segura, moderna y amigable.


Reynaldo Marconi es economista y abogado.

Fuente.
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