01 agosto 2016

Bolivia ignora (y siempre devora) a sus jóvenes emprendedores


Un tercio de la población joven (13 a 24 años) trabaja en el país. Los que quieren convertirse en microempresarios sufren cargas impositivas. A miles les queda ser 'semiempresarios' del sector informal. Se reproduce la falta de oportunidades
Javier Méndez Vedia
javiermendez@eldeber.com.bo



Cifras de la vida de Damy Guzmán: nueve hermanos. Madruga desde los ocho años, cuando trabajaba para ayudarse en la escuela. Un sueño de niña: estudiar para salir de la pobreza. Una niña que es su sueño: Danielita. Un trabajo de niñera a los 11 años. Un trabajo de 6:00 a 18:00 en un snack, que le pagó la escuela nocturna, de 19:00 a 22:00. Una carrera técnica, que pagó con los 30 dólares que recibía como voluntaria en una ONG; una carrera universitaria. Un salto en paracaídas para mostrarle amor a su hija. Ninguna, ninguna ayuda oficial. 

Como Damy, tres cuartas partes de los adolescentes y jóvenes en Bolivia han realizado trabajos precarios y, con suerte, le han sacado el jugo a la educación gratuita. 

Ahora, que además de su trabajo en una importadora ha emprendido un pequeño negocio propio, después de viajar constantemente a Concepción para comprar y vender carne, de vender carteras y empanadas que hace por encargo cada domingo, la frase le sale rotunda: "La juventud está olvidada. Las autoridades la ven como un desecho. Nadie quiere invertir en los jóvenes, pero cada vez hay más bares y cantinas". 

Un paso adelante y dos atrás. Así parecen caminar las políticas públicas para la juventud en el país. Existió un Ministerio de la Juventud, y también una Dirección Departamental de la Juventud. Ninguno existe actualmente. Hay una Dirección Plurinacional de la Juventud, y se ha convocado a un Consejo Plurinacional de la Juventud hace poco. Lindo nombre, pero cuando se revisa la página de Facebook del Consejo, no figuran los nombres de los consejeros, y las fotos que postean no llegan ni a diez 'me gusta'. Claramente, se ve que no hay una respuesta masiva de los jóvenes, intensos usuarios de las redes sociales.

David Heredia (24) se las arregló con la escasa y marginal ayuda que dio el Estado al hogar donde se crió desde los ocho años, cuando su madre le dio prioridad a la vida en pareja con su padrastro. Su guía fueron las cuatro 'd' que proclama un gurú de la autoayuda: deseo, determinación, decisión y disciplina. El deseo de superarse lo llevó a rechazar a los pandilleros violentos, con los que peleó varias veces por defender, con decisión, a su hermana menor. 

Con determinación, superó las amenazas de muerte que lo tuvieron huyendo por las provincias durante siete meses y llegó a abrir un negocio de fotografía con el que ayuda ahora a su mamá y a su hermana. 

Estos emprendedores salieron por debajo de la línea de pobreza. Pero las cosas tampoco son fáciles para los que tuvieron más apoyo familiar, aunque el respaldo económico con el que cuentan en un inicio, les abre oportunidades diferentes.

Fabricantes de oportunidades
De los 12 jóvenes entrevistados por EL DEBER, dos preguntaron dos veces "¿A qué se refiere con participación del Estado para ayudar a la juventud?". En realidad, prescindieron siempre del Estado como ayuda estratégica. A lo sumo, se 'beneficiaron' con los hogares y la universidad. Otros tuvieron ayuda de los padres o familiares para estudiar o para iniciar sus negocios. 

Valeria Patiño estudió ingeniería financiera en la UPSA y es gerente de una importadora de materiales de obra fina que usan los mejores hoteles del mundo. También tiene emprendimientos propios, como la representación de una marca de ropa nacional para mujeres de tallas especiales. Está armando una red de promotoras, elaborando el catálogo impreso. Critica la falta de fuentes de acceso al crédito.

"El que no tiene un historial de empresario no tiene alternativas de acceder al crédito", dice. Lo supo cuando hizo su tesis, que se ocupaba de ese tema, y lo sufrió cuando tuvo que recurrir a la ayuda familiar para impulsar sus iniciativas. 

El pedido es el mismo, ya sea que se trate de alguien como Rodrigo y Lianka, que impulsan una nueva marca, como los helados y picoleses D'leite, o alguien como Johnny Cerezo, que maneja una marca tamaño monstruo como 3M; el pedido, la crítica, consiste en que la burocracia para pagar impuestos consume demasiados recursos y energía, que deberían dirigirse a levantar la pequeña empresa. Para evitarlo, Cerezo tiene tres propuestas para el Ministerio de Desarrollo Productivo: Se debe crear una unidad que financie a los jóvenes el aprendizaje para elaborar estrategias empresariales. La segunda consiste en el acceso a préstamos con bajas tasas de interés. Con una entidad gubernamental en la que se inscribirían las empresas, se evitaría "hipotecar hasta lo que no es de uno" para obtener un crédito. 

La tercera propuesta de Cerezo consiste en crear un organismo que respalde a las microempresas para evitar quedar atrapado cuando una empresa grande tiene una deuda que tarda en cancelar. La gran empresa, dice, es indiferente ya que no siente presión de ningún tipo para cumplir con la deuda. "En muchos casos estas situaciones acaban por comer gran parte del capital operativo", cuenta. 

El segundo aguinaldo 
Lianka Santa Cruz cuenta que su empresa está afectada por el doble aguinaldo. "Es muy desproporcionado. Suben los costos anuales y nos afecta para poder invertir. No es adecuado por la situación del país, aunque se dice que estamos bien. Para los pequeños empresarios es difícil. No puedo contratar más personas porque debo pensar en liquidaciones. Pagar me obliga a ajustar, aunque estamos empezando", dice. 

Álvaro Fuentes le pide al Estado que, además de las leyes impositivas, analice las del Ministerio de Trabajo. "Hoy los trabajadores abusan de la protección que brinda este ministerio. Se cierran mas empresas de las que se abren porque entran en quiebra técnica o definitiva antes de los dos años de su creación. Las razones principales son impositivas o demandas laborales", lamenta. 

Medio lleno, medio vacío
Mónica Arana es ejecutiva en el área de construcción y ventas. Ve el vaso medio lleno: "Bolivia es un país de oportunidades. Sectores como el de servicios no han llegado a su máximo potencial. Con buena formación y objetivos definidos, los jóvenes pueden lograr muchas cosas", afirma.
Gustavo Cuéllar Márquez formó una empresa con otros socios, pero por ahora su compromiso como jefe de planta de hormigón lo ha llevado al convencimiento de que la clave está en la investigación científica. 

Pide que se descubran los talentos en todos los rincones y se los apoye. "Corea tenía un PIB similar al de Bolivia hace 40 años". Hoy es nueve veces más que el boliviano. La clave: investigación, apoyo e iniciativa


Una ley, un decreto y un consejo para "incluir a la juventud 
al desarrollo del país"

La Ley de la Juventud fue promulgada en febrero de 2013. Por ejemplo, señala que uno de los derechos de los jóvenes es el acceso a una vivienda digna. Domingo Ábrego, activista que conoce de cerca cómo trabajan los jóvenes para salir de la pobreza, dice que aún no existen programas de este tipo, que beneficiaría a los matrimonios jóvenes. 
La ley contempla a las madres y padres solteros como personas que merecen prioridad para conseguir vivienda y créditos. 

Estipula que se favorezca el acceso a la tierra a los jóvenes de comunidades afrobolivianas, indígenas e nterculturales. Establece que el acceso a internet sea gratuito en universidades y en forma progresiva en todos los colegios. 

En el decreto (septiembre de 2014) que reglamenta esta ley se establece cómo trabajará el Consejo Plurinacional de la Juventud (que se reunió por primera vez en junio), que tiene un representante por cada departamento. Existe un comité que define las políticas para los jóvenes bolivianos. Lo integran cinco personas que tienen que reunirse dos veces al año.

El Consejo, este comité llamado interministerial, la Secretaría de la Juventud y la Dirección Plurinacional de la Juventud integran un Sistema Plurinacional de la Juventud, para integrarlos al desarrollo del país. Todo esto aún permanece en el papel. "No hay políticas públicas", dice Ábrego.

Fuente

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