21 marzo 2016

Guerra sucia en las redes sociales

Guerra sucia en las redes sociales
Andrés Guzmán Escobari
analista
 
Tras conocer el resultado final del último referéndum que le dio la victoria a las fuerzas de la oposición, el presidente Evo Morales identificó a la guerra sucia y a las redes sociales  como los dos principales causantes de su derrota. Por lo cual, propuso evaluar la regulación de las redes sociales porque, según sus propias palabras, "están haciendo mucho daño a la democracia y a Bolivia" y  son "como un recolector de basura". 

No obstante, si bien no podríamos oponernos a una regulación que garantice la libertad de expresión por un lado y el derecho a no ser discriminado, injuriado o calumniado por el otro; es preciso tener en cuenta que Bolivia no es ni el primer ni el único país que ha vivido una etapa electoral exacerbada por acusaciones infundadas, insultos desmedidos y ataques de la más extravagante y sarcástica naturaleza, difundidos todos ellos a través de las redes sociales. 
 
En Estados Unidos, por ejemplo, las redes sociales se han convertido en el principal campo de batalla de los equipos de campaña de quienes hoy están en carrera hacia la Casa Blanca y en muchos casos las publicaciones de esos equipos de campaña y de los activistas del ciberespacio han sido tanto o más irrespetuosas y deleznables de las que hemos visto en nuestro medio. 
 
Efectivamente, The black Child, una cuenta de YouTube que apoya subrepticiamente a Donald Trump, ha publicado un video que siguiendo rumores creados desde otras plataformas virtuales acusa a Marco Rubio, otro candidato republicano de la contienda electoral, de tener una adicción por ciertas drogas. En esa publicación se puede ver a Rubio ingiriendo lo que parece ser una pastilla, con imágenes y comentarios que inducen a creer que se trata de anfetaminas (speed). Esa escena, que se produce en pleno debate televisado con los demás candidatos republicanos, es complementada luego con pasajes de ese y otros debates televisados, en los que Trump se burla de un supuesto nerviosismo del candidato de origen cubano y de su abundante transpiración. 
 
En respuesta, el senador de Florida, apodado  pequeño Marco  por Trump, ha puesto en cuestión el tamaño de las manos del magnate neoyorquino, aduciendo que son muy pequeñas en relación a su estatura. "Él [Trump] siempre me llama pequeño Marco, y lo admito, es más alto que yo. Él es 6'2 (1,88 m), y por eso no entiendo por qué sus manos son del tamaño de alguien de 5'2 (1,58 m)", afirmó Rubio en una entrevista a CNN para luego señalar: "Y ya saben lo que dicen sobre los hombres de manos pequeñas, no puedes confiar en ellos". Lo cual se suma al polémico retrato no autorizado de Trump, que lo muestra desnudo y con una anatomía genital notoriamente diminuta. Dicho retrato, que fue viralizado en Twitter por su autora, la artista feminista Illma Gore [@illmagore], ha sido reproducido de varias formas en las redes sociales y también en camisetas, llaveros, banderas y demás souvenires por quienes no quieren al controvertido magnate como presidente. 
 
Otro caso que generó tendencia en las redes sociales fue la caricatura publicada por el Washington Post en la que Ted Cruz, el otro candidato republicano de origen cubano, sale vestido de Papá Noel (Santa Claus), tocando un organillo y haciendo bailar a dos pequeños monos danzarines, que representan en realidad a sus dos pequeñas hijas de cuatro y siete años de edad. La caricatura es una parodia de un corto de televisión navideño, en el que se puede ver a Cruz sentando en un sofá junto a su esposa e hijas, leyendo "cuentos navideños", que hacen referencia al presidente Obama y a la candidata demócrata, Hillary Clinton. Lo cual, como era de esperar, provocó la indignación del candidato aludido y de muchos internautas que no midieron sus palabras para despotricar contra la autora de la caricatura [@AnnTelnaes] y exigir que no se incluya a los niños en la guerra sucia. A manera de réplica, Cruz publicó en su Twitter [@tedcruz] una caricatura en la que Hillary Clinton aparece con dos perros bien amaestrados, y a los cuales ella controla, que representan al Washington Post y al New York Times. 
 
Por el lado de los demócratas, a pesar de que también hubo publicaciones de mal gusto en las redes sociales, como las que discriminan a Bernie Sanders (de 74 años) por su avanzada edad y las que le recuerdan a Hillary Clinton las infidelidades de su esposo; los ataques se concentraron principalmente en las propuestas para modificar el actual sistema de salud. En efecto, Chelsea Clinton, en apoyo a la campaña de su madre, que ya había cuestionado la propuesta de un solo seguro de salud universal de Sanders, acusó al experimentado candidato socialista de querer "desmantelar" el sistema que tanto le costó instaurar al presidente Obama (Obamacare), y despojar así, "a millones y millones de personas de su seguro de salud". 
 
En la réplica, Sanders desmintió esos propósitos y publicó una foto de 1993 en su Facebook  y Twitter [@BernieSanders], que contiene una dedicatoria firmada por Hillary Rodham Clinton y que señala textualmente: "Para Bernie Sanders con gratitud por tu compromiso con el real acceso al cuidado de la salud para todos los americanos…". Publicación que causó un fuerte impacto en las encuestas de votación y en los resultados de las asambleas primarias, que acortaron notoriamente la diferencia entre ambos candidatos, que actualmente ocupan el primer y segundo lugar, respectivamente, para representar al partido demócrata en las elecciones generales. 
 
Por tanto, no debemos creer que solo en Bolivia utilizamos las redes sociales para hacer política con guerra sucia. En países tan avanzados y modernos como Estados Unidos también ocurre algo igual o peor, y nadie está pensando en regular las plataformas virtuales de manera restrictiva, las cuales, si bien han servido para distorsionar la verdad en algunos casos y difamar a ciertas personas injustamente, también han permitido consolidar la democracia a través del contraste sano de ideas y de la posibilidad que por primera vez han tenido muchos ciudadanos de expresar sus opiniones en público.   
 
En ese sentido, los esfuerzos del gobierno nacional no deberían centrarse en la regulación de las redes sociales tal como las conocemos actualmente, sino más bien en fomentar su utilización sana, transparente y constructiva, con el ejemplo del Presidente y Vicepresidente, que sería bueno tenerlos en Twitter, Facebook, etc. (García Linera tiene una cuenta de Facebook pero no es operada por él), interactuando con el pueblo y defendiendo sus ideas, tal como lo hacen la mayoría de los actuales mandatarios en el mundo; para seguir fortaleciendo la democracia participativa y para proyectar ante el mundo la imagen de un país moderno y dispuesto a integrarse a las nuevas corrientes de la comunicación.

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