31 marzo 2016

El espíritu emprendedor

POR: JORGE VELASCO T. | 13/03/2016

Este primer trimestre he tenido la oportunidad de conocer de cerca cientos de emprendimientos que han llegado al Concurso Innova 
Bolivia, en su sexta versión. En este periodo, estas iniciativas han sido validadas y seleccionadas a través de una metodología idónea hasta alcanzar la fase semifinal. Participar en este proceso ha sido muy gratificante y alentador por ver la otra cara de un país joven que tiene ideas, sueños, ilusiones y planteamientos para generar emprendimientos innovadores en diversas áreas económicas y sociales de nuestro país.

Estos emprendimientos surgen de todos los rincones, de norte a sur y de este a oeste, desde universidades públicas y privadas, demostrando la capacidad extraordinaria de emprender que tenemos como país y que es ratificada por todos los reportes del Global Entrepeneurship Monitor (GEM), que se han elaborado en pasadas gestiones. En efecto, con una tasa del 27.4 por ciento , somos el cuarto país de la región con mayor índice de emprendimiento y el sexto a nivel mundial de una muestra de 70 países.

Se trata de esa población joven que representa a una comunidad de aproximadamente medio millón de universitarios que quieren diferenciarse del montón. Son jóvenes con visión de emprender, que miran positivamente las cosas. Están insatisfechos con lo que les ofrece su realidad, por ello están decididos a actuar y solucionar algún problema del mercado. Se sienten apasionados y con ganas de implementar sus emprendimientos. Muchos son de la generación "Y", también denominada "Millenials". Son emprendedores naturales y se resisten a ser empleados en trabajos rutinarios. Desean ser dueños de su propia empresa para producir productos y servicios que satisfagan a la sociedad, lo que les permitirá tener un estilo de vida libre, sin atarse a horarios, a localizaciones o a reglas preestablecidas. 

Sus propuestas son variadas. Hay soluciones para el rubro de la construcción, la salud, la educación; propuestas empresariales y de industria, iniciativas de tecnologías de la información y comunicación, y propuestas para satisfacer las necesidades sociales. Entre las iniciativas destacadas, están: construir un robot trazador de líneas viale; elaborar biocombustible a partir de tallos de quinua; sistemas de monitoreo para evitar la muerte súbita de recién nacidos; producción de pintura a partir de llantas usadas; un guante sensor para ciegos, ladrillos ecológicos y desarrollo de software para aprovechar mejor el satélite Tupac Katari.

Estas ideas llevan intrínsecas propuestas de valor que pretenden beneficiar a la población boliviana para sustituir importaciones. Otras servirán para ampliar la oferta de exportaciones no tradicionales, para solucionar alguna inequidad social y muchas para el reciclaje y así contribuir a la ecología y medio ambiente. Nuestro país tiene un sinfín de oportunidades para ellos.

Estos jóvenes son la fuerza de esa Bolivia emprendedora que surge desde adentro y de manera silenciosa, un caudal que, si lo sabemos encauzar, nos puede convertir en un país basado en el conocimiento más que en los recursos naturales. Hay que tener en cuenta las palabras de Jeffry Timmons: "Estamos en el medio de una revolución silenciosa: el triunfo del espíritu empresarial y de la creatividad humana en todo el mundo. Su impacto en el siglo XXI excederá el de la Revolución Industrial en los siglos XIX y XX".
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