29 junio 2014

¿Hipervínculo o enlace roto?.

La educación no está preparada para enfrentar el reto de formar a las nuevas generaciones: los nativos digitales.





¿Hipervínculo  o enlace roto?
 Willy Camacho,
escritor
En el caso boliviano enfrentamos, además, el problema del "enclaustramiento digital”.

En el anterior artículo comenzamos a analizar dos conceptos presentes en la Ley del Libro y la Lectura, "libro electrónico” y "narrativa transmedia”, y formulé un ejemplo para entender mejor el segundo. Señalé que, pese a estar definidos, ambos conceptos no tenían mayor incidencia en la Ley del Libro ni en su reglamentación, por lo que parecían elementos digitales en un entorno analógico.

Adelanté, asimismo, que el concepto de narrativa transmedia desnuda las falencia de nuestro sistema educativo, el cual no está preparado para enfrentar el reto de formar a las nuevas generaciones: los nativos digitales.
Los nativos digitales son todos aquellos que han nacido y crecido en la era del internet (a partir del año 90, por marcar una referencia aproximada), y esto implica que son niños, niñas, adolescentes y jóvenes plenamente habituados a los entornos digitales. 

Es más, según el filósofo argentino Alejandro Piscitelli –uno de los principales investigadores de estos temas–, no sólo se trata de que estén habituados al uso de la nueva tecnología, sino que eso precisamente los hace capaces de concebir la comunicación y el aprendizaje bajo lógicas distintas.

Como dije en la primera parte, no deja de asombrarme cómo un adolescente puede hablar con alguien mientras envía mensajes por celular a otro, sin perder el hilo de ninguna conversación. No es que los adolescentes sean incapaces de concentrarse en algo, sino que son capaces de concentrarse en varias cosas a la vez. De ahí que la narrativa transmedia sea tan natural para ellos: leen un libro, ven la película, acceden a sitios sobre los personajes, leen cómics... en fin, acceden a un universo narrativo cada vez más grande y simultáneo.

Pero la cosa no se detiene ahí. Los nativos digitales no son meros observadores, participan activamente en el ensanchamiento y diversificación de ese universo: desde los "likes” que dejan en artículos u opiniones, pasando por la creación de fansites, hasta la creación de sitios, videos o libros con historias de su propia cosecha que amplían la historia original. 

Por tales motivos, Piscitelli –entre otros– considera que el surgimiento de los nativos digitales conlleva la obligación de cambiar los sistemas educativos, pues los actuales paradigmas no responden a las lógicas, necesidades, intereses y capacidades de las nuevas generaciones.

Si bien el desafío es para todos los países latinoamericanos, en el caso boliviano enfrentamos, además, el problema del "enclaustramiento digital”. Ya nos hemos dado cuenta de que el satélite Túpac Katari no soluciona nada, seguimos siendo el país con el servicio de internet más lento y caro de la región. Entonces, de nada sirve que maestros y estudiantes tengan computadoras (bajo el optimista supuesto de que van a utilizarse en aula), ya que sin el efectivo y eficiente acceso a la red, las posibilidades de estas herramientas se limitan al cambio de lápiz por teclado.

Con acceso pleno y gratuito a internet, parte del problema estaría resuelto, pero quedaría lo más difícil: cambiar el sistema educativo. Y esto, como se ha visto con la Ley Avelino Siñani, no pasa por reformas legales, sino por la voluntad de actualización y cambio de los profesores. Mientras esto no sea posible, ninguna herramienta tecnológica va a servir para formar a nuestros nativos digitales. Será, en todo caso, como querer escuchar un CD en un viejo tocadiscos.
 
Lamentablemente, la planificación a largo plazo no es el fuerte de nuestras autoridades, quienes prefieren lo material, lo palpable, lo visible, quizá porque de ese modo aseguran votos a corto plazo. Así, ensamblar y repartir computadoras, poner un satélite en órbita, rebajar tarifas de internet (sin aumentar conexiones), diseñar software propio y otras medidas similares, dan la sensación de que Bolivia se está incorporando a la modernidad digital primermundista. En otras palabras, dan la sensación de progreso; pero bien se sabe que la sensación térmica y la temperatura real son cosas distintas.
 
Es obvio que necesitamos inversión en tecnología; sin embargo, a la par y en la misma cuantía, necesitamos inversión en planificación tecnológica. Urge crear una repartición estatal cuya función principal sea diseñar normas, protocolos y políticas para el aprovechamiento eficiente y efectivo de las nuevas tecnologías, convocando a profesionales de diversas áreas (grupos multi e interdisciplinarios de investigación) a fin de analizar cualquier iniciativa desde varias perspectivas.
 
En este sentido, si tal institución existiese, la definición de "narrativa transmedia” no figuraría de manera decorativa en la Ley del Libro, pues estaría articulada con una visión sociológica, psicológica y antropológica incluida previamente en la reestructuración del sistema educativo. Y eso, a su vez, estaría articulado con una política de acceso universal a internet; y esto, con un plan de mejora del servicio.

Algo similar ocurriría con el libro electrónico, cuya definición en la Ley "Óscar Alfaro” implicaría la adecuación de la Ley 1322 de Derecho de Autor, la regulación clara y detallada del comercio electrónico, la creación de editoriales y bibliotecas virtuales públicas, entre muchas otras acciones más que se relacionan directa e indirectamente con el ebook.

Hace dos semanas, en la primera parte, dije que, aprovechando la demora en la implementación de la Ley del Libro, haría algunas observaciones que podrían ayudar a mejorar sus alcances y propósitos. Algunos creerán que me salí del tema, pero aclaro: prácticamente nada, hoy en día, escapa de la influencia de la tecnología. Más allá de las correcciones puntuales a cualquier ley, es imprescindible asumir que, desde su proyección misma, ésta debe contemplar el factor tecnológico en todas sus dimensiones. En síntesis: debemos cambiar nuestra estructura analógica y adaptarla a la nueva realidad.

En la era digital, todo está hipervinculado. Estamos a tiempo de evitar que Bolivia sea un enlace roto.

Fuente: Página Siete
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