27 junio 2014

Estoy en el face, luego existo

Por Henry A. Pinto Dávalos

En las dos últimas semanas, los internautas asistimos a la primera experiencia de política viral Bolivia, con la frase "Carajo, no me puedo morir" lanzada por Samuel Doria Medina, la misma que causó todo un revuelo mediático, lo cual nos muestra las nuevas dimensiones en las que la política se desenvuelve, aspecto que hoy en día nos lleva a reflexionar sobre la existencia de la ciberpolítica y sus efectos en la construcción de la opinión pública.

En efecto,  la emergencia de Internet, la telefonía celular y las conocidas redes sociales, en los hechos no sólo nos muestran que estamos frente a una realidad compleja que ningún teórico soñó y que, a decir de otros, se trataría de un Nuevo Modo de Producción Global cuya energía matriz es la información,  habiendo transitado de una Economía de las Cosas hacia una Economía de la Información, donde los mismos conceptos de tiempo y espacio se relativizan, generando una interacción personalizada e inmediata, a punto tal que cualquier noticia sólo requiere un par de minutos para ser difundida en el mundo entero, generando una "conciencia de la instantaneidad" y de la "ubicuidad" (tiempo–espacio) en las personas.

A nivel cultural, estos cambios nos llevan también a comprender que la realidad hoy en día no puede ser entendida como hace 50 años, por cuanto la emergencia de estas redes sociales está transformando no sólo nuestra cultura política, sino también nuestro lenguaje. Juan Luis Cebrian, académico de la Real Academia Española, afirma que estos hechos están cambiando la forma de comunicarse en las nuevas generaciones que se expresan en estas redes con una gramática y una sintaxis diferente poniendo en riesgo incluso la vitalidad del idioma español.

A nivel político, la consolidación de estas formas de comunicación ha revolucionado los patrones tradicionales de la cultura política, generando conceptos inéditos como política viral, el escrache, el swarming, el instant mob, el activismo del "copy-paste", el poder blando del hashtag", el "slacktivismo", las "comunidades virtuales" etc. que nos muestra toda una dimensión diferente en la dinámica política, razón por la que el expresidente del Perú, Alan García, en su libro "Modernidad y Política en el Siglo XXI" afirma: "Ante esa tecnología, ningún imperio puede levantar una muralla como la que separó al Imperio Chino del resto del mundo o, como la que dividió Berlín separando los mercados privado y estatal de los dos capitalismos".

Benjamín Arditi afirma que estos espacios deben ser entendidos como "medios de comunicación" así como "lugares de lucha", llegando a constituir "esferas públicas transitorias", con un efecto cognitivo relevante: cuestionar los viejos moldes organizacionales del partido político (modelo arborescente) caracterizado como bien apunta Alan García por: a. Un compromiso político religioso - monarcal; b. Una organización con estructuras de tipo sindical; c. Estructuras territoriales, absorbentes y monopolizados; características todas que hoy día se desvanecen, debiendo comprender que así como transitamos de los partidos de notables a los partidos de masas, actualmente, resulta imperativo pensar en la idea de los partidos-red, que "así como el Internet vincula a millones de comunicadores sin un centro (…), la sociedad de usuarios es una red de intereses que puede aglutinarse en un momento por un tema y desagregarse de inmediato".

Por lo expuesto, si antiguamente Descartes decía "pienso, luego existo", hoy podríamos afirmar: "estoy en el face, luego existo".

El autor es catedrático de Derecho Procesal Constitucional, UMSS.

fuente: Los Tiempos.

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