15 junio 2014

Bolivia en la era digital I: conceptos digitales en una ley analógica .

Bolivia en la era digital I: conceptos digitales en una ley analógica
por Willy Camacho

Escritor

"La narrativa transmedia, su concepto, implica que hasta ahora se han estado cometiendo errores graves en el sistema educativo, es más, implica que el sistema educativo actual es un error”.

En abril del año pasado se promulgó la Ley del Libro y la Lectura Óscar Alfaro, cuyo objeto es "promover el ejercicio del derecho a la lectura y escritura(...), generando políticas públicas, planes y acciones de fomento a la escritura, lectura y acceso al libro, la creación cultural, literaria, académica y científica” (artículo 1).

Con intenciones tan loables, la promulgación fue celebrada por propios y extraños, pero especialmente por propios, es decir, gente del ámbito editorial, ya que en el artículo 8 se estipula que la importación y venta de libros y publicaciones quedan exentas del Impuesto al Valor Agregado. Como este artículo fue el primero en hacerse efectivo, hasta el momento los editores y libreros son los únicos beneficiados por la ley (considerando que esto implicó una reducción mínima del precio de venta al público).

Fuera de eso, como siempre, las buenas intenciones tardan mucho en materializarse; de hecho, la reglamentación de la Ley del Libro demoró más de cinco meses -pese a que su disposición final determinaba un plazo máximo de 90 días-, y a la fecha -según Carla María Berdegué, presidenta de la Cámara del Libro-, no se conoce si hay algún Plan de Fomento al Libro y la Lectura, ni tampoco si los ministerios de Culturas y Educación han asignado presupuesto para el funcionamiento del Fondo Editorial del Libro Boliviano (Fondolibro), tal como establece la norma en sus artículos 5 y 12, respectivamente.

Sería ideal que la implementación de una ley tan importante se llevara a cabo con celeridad. Pero seamos positivos y, más bien, aprovechemos la demora para hacer algunas observaciones que ayuden, entre otras cosas, a mejorar los alcances y propósitos de Ley Óscar Alfaro.

Llama la atención que entre las 21 definiciones presentes en el artículo 4, los redactores de la ley no hayan incluido la de "autor” o "escritor” (sin cuya existencia no habría libros), aunque esto ha sido subsanado en el reglamento.

Descontando ese pequeño tremendo desliz, es interesante que  sí se haya definido Libro Electrónico ("Libro en formato adecuado para leerse y/o escucharse en cualquier dispositivo electrónico, como en una computadora, teléfono móvil u otro dispositivo similar”) y Narrativa Transmedia ("Historia contada de distinta manera que va más allá de los formatos tradicionales, en diferentes plataformas y que cuenta con la participación de los lectores. Una historia transmedia se expande a través de las diferentes plataformas y soportes, incorporando nuevos contenidos, personajes y tramas. Cada medio o soporte forma parte de la historia y el conjunto del producto editorial, aportando una experiencia de lectura diferente”).

Ambas definiciones son indispensables en estos tiempos, además que su inclusión hace de nuestra Ley del Libro una de las más vanguardistas de la región; claro que del dicho al hecho... Ocurre que, más allá de estar definidos, estos dos conceptos quedan bailando, porque no tienen mayor presencia ni peso en el resto de la norma. Y me parece que esto se debe a que, en primer lugar, los redactores de la ley tienen vagas referencias sobre todo lo que representan e implican ahora y a futuro, y segundo, que en Bolivia no hay políticas visionarias sobre tecnología y educación que permitan aprovechar esos y otros recursos digitales.

Reconocer la existencia del libro electrónico no basta, hay que comprender que este formato terminará por imponerse al impreso (lo cual no quiere decir que el libro tradicional desaparecerá), debido a varios motivos, especialmente el económico: la edición digital es mucho más barata que la impresa, se eliminan los costos de impresión, papel, distribución y almacenaje. Por lo tanto, el Estado debería crear una oficina de ediciones digitales,  con el  fin de, por ejemplo, digitalizar todos los libros nacionales que están en el dominio público y distribuirlos gratuitamente.

Ya que el Gobierno dará computadoras a todos los estudiantes de colegios públicos, niños, niñas y adolescentes tendrán el dispositivo para leer libros electrónicos, y si éstos son gratuitos (o muy baratos), ya no habría impedimentos económicos para fomentar la lectura. Por otra parte, las nuevas generaciones pertenecen al grupo de los "nativos digitales”; es decir, son personas que han nacido y crecido en la era de la información, de internet, por lo que están habituados a leer en pantalla, más que en papel (eso entre muchas otras características).

Aquí entra el otro concepto, narrativa transmedia, que es cada vez más analizado en el ámbito de los estudios culturales. La definición de la ley es algo confusa, pero con un ejemplo se entiende la idea: los libros de Harry Potter (impresos, audibles o digitales) cuentan una historia general, la del pequeño huérfano que ingresa en la escuela de magia... (todos conocen el resto). Las películas de Harry Potter también cuentan una historia general, pero con otro lenguaje, de modo que la narrativa es distinta. Muchos fanáticos de la saga han creado sitios web donde escriben finales alternativos a la historia, historias alternativas, parodias, etcétera. Se han publicado cómics y fanzines sobre Harry. Y mucho más, o sea, el nativo digital transita entre narrativas distintas, saltando de un formato a otro, en un universo ficcional cada vez más expandido, sin perderse ni agotarse.

La narrativa transmedia, su concepto, implica que hasta ahora se han estado cometiendo errores graves en el sistema educativo, es más, implica que el sistema educativo actual es un error. Se han diseñado estrategias pedagógicas y didácticas a partir de un preconcepto equivocado: los estudiantes de hoy en día son muy distraídos, pierden la concentración con rapidez. La situación es distinta: los nativos digitales se concentran en varias cosas a la vez (es sorprendente cómo un adolescente puede hablar con alguien, mientras manda mensajes de texto a otra persona, sin perder el hilo de ninguna conversación).

Continuaremos el análisis en el próximo artículo.

Fuente: Página Siete
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