15 mayo 2014

Chile y Brasil tienen la mejor banda ancha de América Latina.


El grado de penetración de las redes de banda ancha de Internet es uno de los mejores termómetros para medir el desarrollo socioeconómico de América Latina y comprobar la amplia distancia que aún le separa de los países más avanzados. En una escala de 1 a 8, América Latina disponía en 2012 de un índice de expansión de estas redes de 4,37 puntos, mientras en los países de la OCDE era de 6,14, según un índice elaborado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), que revela una ligera mejora en los últimos años.

La plataforma, lanzada este miércoles, analiza una treintena de indicadores en los campos de políticas públicas, regulación estratégica, infraestructura, y conocimiento en 26 países latinoamericanos y en los 34 integrantes del club de los países más desarrollados -entre los que están también México y Chile. A partir de estos cuatro ámbitos saca una nota combinada por naciones y regiones.

Las diferencias no solo afloran entre ambos bloques sino también internamente, fiel reflejo de la disparidad económica entre países. En América Latina, Chile es el país con una calificación más elevada (5,57), seguido por Barbados (5,47) y Brasil (5,32). En el otro extremo se sitúan Haití (1,71), Belice (3,11) y Surinam (3,12). Y todo ello se traduce en divergencias subregionales: el cono sur tiene la mayor penetración de banda ancha con una nota de 4,87; seguido por Centroamérica (4,26) y la región andina (4,13), mientras el Caribe es la más rezagada (3,72).

“En una sociedad moderna, la banda ancha es el ingrediente clave de la agenda de las políticas públicas para acelerar el crecimiento económico y la reducción de la desigualdad”, afirma Antonio García Zaballos, especialista en telecomunicaciones del BID y responsable del nuevo índice llamado DigiLAC. De hecho, según un reciente informe del organismo multilateral, si se registrara un incremento del 10% de la penetración de los servicios de banda ancha en América Latina, el PIB regional crecería un 3,2% y la productividad un 2,6%.

Gran parte de la implementación de una infraestructura de Internet de calidad depende de las estrategias gubernamentales, lo que explica que, aunque las naciones latinoamericanas más desarrolladas se sitúan en la parte alta de la clasificación, algunas de ellas se ven superadas por otras con un PIB más bajo. 
Por ejemplo, México -en séptima posición (4,62)- y Argentina -en octava (4,53)- se sitúan por debajo de Panamá -en cuarta (5,05)- y Uruguay -en quinta (4,81)-.
Pese a la distancia significativa entre América Latina y el bloque de la OCDE, cabe destacar que ésta se ha ido reduciendo tímidamente en los últimos años.

 En 2010 la diferencia en penetración de banda ancha era de 1,91 puntos, en 2011 cayó a 1,79 y en 2012 a 1,77. Además, entre algunos países la brecha es mucho más estrecha. Por ejemplo, la nota de España en 2012 es de 5,64, por debajo de la media de la OCDE (6,14) y escasamente por encima de la de Chile (5,57) y de la de dos países que no forman parte de la organización de naciones desarrolladas, como Barbados (5,47) y Brasil (5,32).

Sin embargo, los países latinoamericanos más punteros aún se mantienen alejados del grado de implementación de los de América del Norte, también como fiel reflejo de su disparidad en términos socioeconómicos: Estados Unidos tiene una calificación de 6,65 y Canadá de 6,41. Y aún más alejados de exponentes mundiales como Corea del Sur (7,18).

Para rebajar estas distancias, el BID pide a Gobiernos y empresas latinoamericanas que trabajen de forma más coordinada para reducir la brecha digital con los países de la OCDE pero también internamente entre zonas rurales y urbanas. “Es clave contar con marcos regulatorios adecuados que promuevan la competencia, transparencia y seguridad jurídica requerida para estimular la inversión necesaria,” sostiene García Zaballos.

En esta línea, el organismo con sede en Washington destaca que los servicios de oferta de banda ancha han crecido anualmente alrededor del 17% en América Latina, pero lamenta que el precio promedio de estos servicios es cerca de ocho veces superior al de los países de la OCDE. En resumen, el panorama va mejorando pero queda mucho por hacer. (EL PAÍS).

Fuente: Erbol. 

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