28 febrero 2014

El modelo SEGIP

El modelo SEGIP
Rafael Puentei

No puedo dejar de comentarlo, porque ha sido una auténtica sorpresa. Estuvimos en el SEGIP (en Cochabamba, pero me atrevo a suponer que no es ésta una capital privilegiada) y nos encontramos con algo que viene a ser el polo opuesto de la burocracia a la que estamos dramáticamente acostumbrados. Le cuento:

Es una institución enorme, llena de oficinas, escritorios y pasillos, pero para empezar está todo ordenadamente organizado y nadie se pierde. No hay esas filas aterradoras que se veían hace no mucho tiempo; de hecho, hoy no había ninguna cola y el buen número de personas que eran atendidas circulaban rápidamente.

El personal era amable y eficiente, y no nos trataba con ese aire de aburrida suficiencia que caracteriza a la mayor parte de las oficinas públicas. Tampoco hacía alardes de amabilidad, era una actitud sobria, respetuosa y, por encima, de todo eficiente. No tendían a plantear problemas, sino a resolverlos.

El objetivo era la renovación de una cédula de identidad (incluida la modificación de algunos datos). Al ir preveíamos no sólo largas colas, sino también la clásica postergación de las soluciones y, por supuesto, el "vuelva usted mañana” o "le falta tal documento”. Felizmente nos equivocamos, en menos de media hora el objetivo estaba cumplido y no había que volver. Nos resultaba difícil de creer.

Tengo la satisfacción de haber publicado en esta misma página, hace dos años y medio, una columna que se titulaba "Apostando por Antonio Costas”, en momentos en que mucha gente desahuciaba su gestión porque el flamante SEGIP ciertamente no acababa de encontrar los procedimientos y ritmos adecuados, pero con el paso del tiempo (y pese al constante crecimiento de la población que acude diariamente) sí los encontró.

Y hoy podemos decir que el SEGIP es todo lo contrario de la clásica burocracia estatal. Para describirlo habría que inventar un neologismo: ¿tal vez buroservicio? En todo caso es un motivo para alegrarse. Es realmente importante comprobar que el Estado no necesariamente tiene que funcionar a costa de la paciencia de la ciudadanía, sino que si quiere puede construir ciudadanía en términos realmente eficaces y respetuosos de los derechos de la gente.

Y ahora nos preguntamos: si ha sido posible cambiar esta institución enorme y compleja, ¿no se podría aplicar el "modelo SEGIP” a otras muchas instituciones, como por ejemplo el Servicio de Migración, que siguen generando angustia en la ciudadanía (pese a la saludable buena voluntad, en el caso de Cochabamba, de la nueva directora de la institución)? ¿No se podría aplicar el modelo al sistema penitenciario, que sigue sin poder pagar al día los míseros "prediarios”, por poner otro ejemplo?

Claro que se trata de instituciones muy diferentes, pero la esencia del cambio en el SEGIP es la desburocratización, que es lo que todas las demás instancias estatales podrían asimilar, cualquiera que fuera su modalidad.

No olvidemos que se habla de burocracia cuando los que mandan son los que están en los escritorios (o burós) y detrás de las ventanillas y, por tanto, hablaríamos de buroservicio si esas personas estuvieran ahí no para mandar, sino para servir y ayudar a la ciudadanía, y que eso sería parte del Vivir Bien…

Esa desburocratización, sumada a una conciencia de servicio al público (que por lo visto ha sido bien asimilada por el numeroso personal del SEGIP, todo él compuesto por bolivianos y bolivianas normales y corrientes, más bien jóvenes, y en todo caso bien organizados y bien instruidos), tendría que ser aplicable al resto de nuestras instituciones. ¿No lo creen ustedes, compañeros ministros y directores de instituciones?

Por lo demás, creo que sería la mejor (y más barata) campaña electoral…


Rafael Puente es miembro del Colectivo Urbano por el Cambio (CUECA) de Cochabamba.

Fuente: Página Siete. 
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