27 enero 2014

Redes sociales y racismo.

por Yuri F. Torrez

El ocaso del decenio de los ochenta se caracterizó por ser años donde las últimas quimeras se iban agotando. La caída del Muro de Berlín era el ícono más representativo de esa (casi) muerte de esos sueños juveniles. En esa época los que estudiamos comunicación teníamos nuestras propias utopías, por ejemplo, soñamos con la horizontalidad informativa, reflexionamos sobre el Nuevo Orden Mundial de la Información y soñamos con que el perceptor (o receptor en el lenguaje funcionalista) se convertía en emisor, sueños parecidos a los de Sísifo. Muchos  soñaban con tener sus propios medios periodísticos para propalar sus  inquietudes y así compensar --de algún modo—ese desequilibrio informativo y solo nos quedaba escribir boletines y (algunos) recurríamos inclusive a pintar las paredes para expresar nuestros sueños.

La impronta del Internet, específicamente las redes sociales, como si fuera una donación divina de todos los Dioses, hizo realidad esa quimera nuestra de convertir a la comunicación en un espacio más democrático y accesible para que todos se manifiesten. Hoy todos tenemos el privilegio de ser comunicadores de expresar nuestras ideas, pensamientos, opiniones e inclusive nuestros sentimientos sin mediar ninguna restricción. Muchos dirían el oasis de la libertad de opinión.Viva las redes sociales, ahora todos somos comunicadores.

La forma de expresamos en tan amplio ya que las posibilidades de  lenguajes es tan variado gracias al hipertexto que brinda las redes sociales, particularmente el Facebook. Sin embargo, esa posibilidad interactiva  que debería contribuir a establecer una acción comunicativa basada en la intersubejitividad que habla Jürgen Habermas hoy está siendo distorsionada por muchas personas a sabiendas que no hay ningún control y propalan a doquier aquellos sentimientos basados en la diferenciación racial.  

Como dice el periodista, Víctor Hugo Romero: “usan pretextos, por ejemplo Evo es el pretexto para ser racista, de la misma manera entre bolivaristas y stronguistas, se tratan de maracos o cholis en el fondo es una excusa para provocar un brote racial”.  Es decir, ese colonialismo interno está imperando no solo en la mente; sino, lo peor, en el corazón de esas personas. Ese lenguaje racista es muy difícil de extirpar con solo normas ya que está enraizado en su propio ser que hace del insulto racista una manera de menoscabar al “otro”. Precisamente, las redes sociales que es muy difícil de normar se han constituido en un espacio donde los resabios que devienen de la colonia se han puesto de manifiesto de manera que asusta el nivel de racismo en un país que busca extirpar aquellos “males primarios” que han imposibilitado lograr un entendimiento y de respetar nuestras diferencias.

El racismo expresado  en las redes sociales es un síntoma que como sociedad todavía no hemos superado esas lacras que históricamente hizo de esta sociedad esté impregnada por un colonialismo interno tan doloroso que nos remite, por ejemplo, aquellas ideas propaladas hace un siglo atrás por un darwinismo decimonónico que ha contribuido decisivamente a tener una sociedad extremadamente racializada.

Por eso, cuando uno lee mensajes racistas en las redes sociales y los famosos “me gusta” a esos mensajes es cómo volver a un pasado retrogrado que lamentablemente sigue vigente. Ni siguiera tener un presidente indígena nos hizo reflexionar sobre estos fantasmas que recorre a  los bolivianos; sino que al parecer, como si se hubiera hurgado el avispero, ese racismo aparece en las pantallas de nuestras computadoras. En todo caso, este racismo virtual, como cualquier otro racismo, a mi “no me gusta”.    

El autor es sociólogo.

Fuente: Página facebook del autor
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