16 septiembre 2013

Elogio a la piratería


Elogio a la piratería

“Pese a lo que se dice, la piratería no perjudica a las salas de cine. Para empezar, más del 95% de lo disponible en DVD nunca ha llegado y nunca llegará a cartelera”.


Mauricio Souza Crespo
Uno: Aquí hay dos tipos de consumidores de piratería audiovisual: los de a pie y la Policía Boliviana. Nosotros -los ciudadanos no beneficiados por el manto protector de una corporación estatal- sabemos o sospechamos que lo que hacemos al adquirir esos DVD está mal. Perseveramos sin embargo porque esa suave ilegalidad es nuestro único acceso (privado) a un inmenso archivo de películas que nunca llegarán a las salas de cine. 

La Policía, por su parte, goza de privilegios estatales que se resumen en un mandamiento: "si lo hace el Estado, no es ilegal, porque el Estado es el pueblo y el pueblo no se equivoca”. En cumplimiento de este mandato, la "institución del orden” rellena la programación de su canal de televisión transmitiendo malas copias piratas de películas hollywoodenses, en cotidiana violación de varias leyes nacionales e internacionales (esas mismas que, supuestamente, está llamada a hacer cumplir).


Dos: Entre los ciudadanos de a pie que hacen un uso privado y discreto de la piratería (a diferencia de la Policía) hay dos clases: a) los que evitan los gastos de ir al cine comprándose DVD en la calle; b) los que han decidido emanciparse de la oferta cinematográfica de las salas y la televisión haciendo lo mismo.


Tres: No se puede culpar a los que deciden ahorrarse unos (o muchos) pesos viendo en casa lo que podrían ver en sala: ir al cine en Bolivia es caro, muy caro. Si bien una entrada cuesta entre la mitad y un tercio de lo que en Estados Unidos -por ejemplo-, esa mitad o tercio debe pensarse en otro contexto: el producto interno bruto per cápita boliviano es más o menos el 5% del norteamericano (y, claro, nuestros índices de desigualdad son mayores: seguimos siendo, como decía Zavaleta, "la patria de la injusticia social”). No hay dónde perderse: por el precio de una entrada al cine podemos comprar entre  cinco y ocho películas en DVD.


Cuatro: Los que hemos usado (y usamos) la piratería para emanciparnos de la cartelera no podríamos estar más satisfechos. Tenemos, gracias a ella, acceso a toda la historia del cine y a cine de todo el mundo (que nunca llegará a ninguna sala). Y podemos volver a los clásicos en mejores condiciones. Si quisiéramos ver otra vez El séptimo sello de Bergman (que merece revisión periódica) lo que veríamos, sin duda, es la copia que la compañía de Criterion restauró hace unos años. Una copia que no es equivalente a la que vimos en salas: es mejor, es perfecta.


Cinco: Hay, por otra parte, un público de coleccionistas. En un país con bibliotecas, son pocos los que acumulan libros: son las instituciones las encargadas de hacerlo, es decir, de guardar libros a los que se accede luego de una simple caminata a la biblioteca del barrio. 


En un país sin bibliotecas (y muy pocos lectores), la única manera de leer es acumular libros o tener amigos que lo hagan. Lo mismo sucede con el cine. Hoy, la forma de distribución privada más efectiva de cine son los clubes de internet. Por ejemplo Netflix, que ofrece un archivo de más de 100 mil películas, al que se le puede hincar el diente por algo menos de 100 bolivianos al mes. 


Pero para ello se necesita banda ancha, que en Bolivia -pese a la publicidad de varias compañías-no existe. Y que cuando exista será carísima (pues el nuestro ya es ahora el peor y más caro sistema de internet del continente). No queda entonces otra que acumular DVD. Si, por ejemplo, una noche se me ocurre volver a ver, como quien busca un libro en su biblioteca, Rashomon de Kurosawa: ¿qué otra opción tengo si no la de una videoteca personal? 


Somos coleccionistas por obligación, casi. Hace menos de 20 años, la situación era la siguiente: ante un estreno interesante, no había otra que correr al cine y rezar para que la película en cuestión no haya sido retirada ya de la cartelera. O había que aprovechar los viajes: recuerdo una visita a Madrid en la que vi 27 películas en seis días. Hoy, la queja más frecuente entre los cinéfilos compulsivos es otra: "no tengo tiempo para ver lo que quiero ver”.


Seis: No todo es fiesta y celebración en los territorios de la piratería, claro. Si bien es cierto que en las calidades de la imagen no hemos sino avanzado (del VHS al VCD, del VCD al DVD, del DVD al Blu-ray, del Blu-ray, ahora, al 4K), estos adelantos han sido un sano sufrimiento para los coleccionistas. 


He tenido que comprar copias de El séptimo sello en VHS, en VCD, en DVD y, ahora -a la espera del 4K- en Blu-ray. Las copias no siempre son las mejores -hay que buscar- y, con frecuencia, no traen los mejores subtítulos. (Hay que huir de los subtítulos maquinados por lo que parece ser una legión de analfabetos brasileños que han convencido a sus jefes de San Pablo de que poseen una proficiencia en español que no tienen. En salas, habría que aclarar, los subtítulos -en las contadas proyecciones con ellos- tampoco son impecables: abundan las torpezas y, a veces, la incomprensión total del original).


Siete: Pese a lo que se dice, la piratería no perjudica a las salas de cine. Para empezar, más del 95% de lo disponible en DVD nunca ha llegado y nunca llegará a cartelera. Y la mayoría de los "grandes estrenos” nunca se venden en la calle sino semanas o meses después de su estreno en salas. 


En realidad, hablamos aquí de dos espectáculos distintos (y que me perdonen los puristas): las salas son los espacios destinados a recientes super-giga-megaproducciones con efectos, 3D, superhéroes, etc. Y la casa es el lugar para el cine.


Ocho: En la piratería hay algo de azaroso y casual: es posible, de hecho, encontrar algo interesante en casi cualquier puesto callejero. Pero éste también es ya, en Bolivia, un oficio de especialistas, de piratas cinematográficos cinéfilos que tienen mucho más de lo que uno puedo ver, comprar o desear. 


Que tienen todo, en suma. En La Paz, en Sopocachi, hay dos así (con tienda bajo techo): no sólo ofrecen un panorama actualizado del más interesante cine mundial sino que, llegado el caso, consiguen lo que uno les pida. 


Y medio: Gracias a uno de esos piratas "especializados” , hace unos días vi una obra maestra: Primavera en un pequeño pueblo, película china de 1948 de Fei Mu. Considerada por algunos historiadores la mejor película de la historia del cine chino, hasta sólo hace unos años nadie la había visto fuera de China. Ahora la podemos ver en DVD, en una copia que necesita restauración pero que trae excelentes subtítulos.


Como éste, otros rescates son posibles. Los formativo-nostálgicos-sentimentales, por ejemplo. En 1976, en el cine "Santa Cruz” de Santa Cruz vi una película que recuerdo como checa. Estaba narrada desde el punto de vista de un niño sin padre, que se imaginaba a la búsqueda (fantástica) de uno. Creo que era una cinta en blanco y negro. Quedé (tenía nueve años) muy impresionado, no sé sin con razón o sin ella, pero hasta hoy me sueño a veces con la película. No tengo ni el título ni el director. ¿Volveré a verla algún día gracias a la piratería?


Fuente: Pagina Siete
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