08 julio 2013

El pututu tecnológico.


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Publicado en Los Tiempos.

Esta semana las redes sociales en Bolivia se han visto agitadas con furibundos comentarios en contra una de las empresa de telefonía móvil, por haber desechado una oferta que incluía un servicio de 300 megas de Internet por tres Bs. La gente encolerizada ha entendido el hecho como una injusticia, ratificando el malestar ante la baja calidad del Internet en el país, asunto claramente reflejado en la posición que ocupa Bolivia en el ranking de utilización de las TIC para potenciar el crecimiento económico y la competitividad, preparado por el Foro Económico Mundial, en el que ocupamos el puesto 119, antepenúltimo de América Latina y el Caribe por detrás de Nicaragua y Haití.
Una iniciativa de repudio en el caso mencionado de la telefónica ha sido la creación en facebook del grupo “Se van los 300, me voy yo” que llegará probablemente este fin de semana a los 20.000 “afiliados”. También se ha visto afectada la página web de la empresa por ciberataques.
A pesar de aquel hecho puntual y de la situación negativa de estar a la cola del servicio, se puede observar que existen herramientas a manos del usuario común para expresar su rechazo. Las redes sociales han dado mayor eco a las voces, individualmente, aunque no siempre en un sentido justo.
Todos conocemos a esos anónimos que se dedican a insultar, los llamados “trolls”, que expresan iracundas descalificaciones e improperios por doquier, de la misma forma que una turba enardecida que ejerce la violencia. La clave del asunto será lograr canalizar las inquietudes, sugerencias y reclamos de forma más eficiente para que lleguen al interlocutor.
El politólogo y comunicador Moisés Naím sostiene que el poder en la actualidad, en general, es más difícil de retener puesto que tiene menos barreras de protección, principalmente por tres razones, lo que él llama la “revolución del más”, en referencia al crecimiento demográfico específicamente de la clase media, a la “revolución de la movilidad”, principalmente atribuida a las migraciones y la “revolución de la mentalidad”, que alude al acceso a la información, impulsado por las nuevas tecnologías.
Las nuevas tecnologías precisamente posibilitan que los ciudadanos tengan una voz más activa y viva. Existen ya plataformas en la red que canalizan inquietudes de los ciudadanos hacia sus representantes en alcaldías o en las instancias legislativas.
Una de ellas es Crowdhall, página web de un grupo de jóvenes emprendedores  estadounidenses que busca filtrar las preguntas o inquietudes más repetidas de forma que ésas lleguen a sus dirigentes y sean respondidas.
En Bolivia se ha tratado de hacer el acercamiento de una forma más limitada, estableciendo un canal de comunicación por facebook con el alcalde de La Paz, Luis Revilla, que actualmente cuenta con 8.000 usuarios. El twitter sea quizás la plataforma más activa y no es imposible alcanzar un debate con actores políticos protagónicos como Carlos Mesa, Samuel Doria Medina o Sacha Llorenti.
El control social se ha incrementado y esto recién comienza. No fue un hecho aislado la Primavera Árabe. A niveles más simples se observa una dispersión de poderes fácticos, ya sea ante un profesor de secundaria cuando se le cuestiona su discurso en una clase -que en el pasado se asumía como dogma-, sea con una indicación médica, rebatible superficialmente en una página web avalada por la sociedad médica de la circunscripción, o incluso discutiendo con el mecánico que, para reparar la lavadora, sugiere comprar una pieza de recambio a un precio inflado y verificable con un solo click.
El pututu se ha usado históricamente por los quechuas para emitir sonoridades potentes. Así puede actuar Internet hoy y mañana.

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