30 junio 2013

Periodismo Twitter.




La inmediatez ya no es un privilegio de las agencias de noticias que sienten el golpe del Twitter.
La Razón  / Mauricio Quiroz
00:00 / 30 de junio de 2013
Las redes sociales han facilitado el trabajo periodístico. Al navegar por Facebook se pueden hallar datos, opiniones, fotos, informes, reportes... que en muchos casos marcan una pauta de alguna noticia que aparece en los medios impresos o en los audiovisuales.  Será una noticia, claro está, si es el resultado de un trabajo adecuadamente contrastado y valorado.
 Twitter, que según los especialistas no es precisamente una red social, está cada vez más en la vida laboral de los periodistas bolivianos. Gracias a esta herramienta tecnológica, la libertad de expresión, fundamental en democracia, dio un salto cualitativo. Hoy, miles de opiniones/ideas circulan a través de la red, incluso debates entre políticos que se han convertido en material periodístico, es decir de interés general. También circulan asuntos privados, sin valor para la prensa.
De acuerdo con datos procesados por el ciberactivista Mario Durán, hace un año habían 1,5 millones de bolivianos vinculados con Facebook y 2.000 usuarios de Twitter. Es muy probable que esta cifra se haya incrementado, aunque no en la medida de los ciudadanos bolivianos con conexión directa a la red. Según los cálculos de la Autoridad de Fiscalización de Telecomunicaciones y Transporte (ATT), en Bolivia 1,8 millones gozan del privilegio, es decir casi el 20% de la población. Este indicador es todavía relativo y habrá que esperar un mes más para que el INE desvele los datos del Censo de Población y Vivienda 2012 que incluyó la pregunta sobre el acceso a internet. Adicionalmente, varios estudios privados marcan al país entre los que pagan más por un servicio ubicado entre los más lentos de América del Sur. 
Ahora bien, si el asunto de las redes sociales aún forma parte de los privilegios, en Bolivia todavía no se puede decir que éste sea un derecho ciudadano. Los políticos ni los activistas tampoco se pueden confiar en el poder de las redes para armar movilizaciones o forjar su imagen y reputación. Peor aún, los periodistas tampoco pueden creer que logran influir con opiniones y datos en el universo de sus ciberlectores, que para este caso, también tiene una cuota de sus colegas.
A pesar de esta constatación, hay una tendencia a favor de una mayor interconexión de la sociedad boliviana. De hecho, la velocidad con la que circulan los datos se ha incrementado. Por eso, la inmediatez de la información ya no es un privilegio de las agencias de noticias, que han sentido el golpe del Twitter en todo el mundo. Ante este panorama, el profesional del periodismo debería volver a las fuentes de origen, a ser testigo de los hechos; a contar las historias que bullen más cerca del ciudadano.
Fuente: La Razón.
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