25 febrero 2013

Mi suegra se enojo conTigo


por Gonzalo Chavez.

Hace varias semanas que recibo un mal servicio en mis llamadas de celular. Me tienen loco, nadie me encuentra y no puedo llamar a mi mamá. Después de haber peregrinado en la oficinas y hablado con el call center de Tigo, decidí soltar la voz en el ciber espacio y ejercer mis derechos de consumidor compartiendo mis penurias comunicacionales en el Facebook. Fue una experiencia espectacular por la respuesta y la repercusión. Ante todo quiero agradecer a todas(os) por comentarios, sugerencias y críticas. Nada como intercambiar ideas con la gente. A seguir algunos apuntes sobre el tema.

1) Nuestros derechos como ciudadanos son sagrados. ¡Todos!, incluyendo los derechos como consumidores y debemos ejercerlos en toda situación y lugar, con empresas grandes o pequeñas, públicas o privadas.

2) Mis derechos a la comunicación fueron vulnerados, durante varios días. No pude hablar, por celular con mi mami y lo que es peor, con mi idolatrada suegra. ¡Grave, jarabe! Furiosas, ambas militantes de la tercera edad, decidieron proponer que Tigo pase a manos de Diter, filial Villazón. Así lo denuncie en un post en el Facebook: “La cosa con Tigo se complicó, mi suegra no puede comunicarse conmigo y cree que no lo quiero atender. Esta furiosa y por primera vez en la historia se alió con mi mama y están organizando un movimiento social de la tercera edad para pedir la nacionalización de Tigo. !Ayuda! gente de Tigo por mi bien y el de ustedes habiliten mis llamaditas al celular”. El kuku de la nacionalización realmente mete miedo y propios y extraños se pusieron en alerta. Se armo un jaleo.

3) Se tejieron decenas de especulaciones y rumores sobre el pedido y los orígenes de este. A continuación se presentan algunos: a) El problema no era el servicio de la empresa, sino, mi celular que estaba pinchado por el gobierno, tenía que hablar en clave. b) El incomunicado, o sea mi persona, estaba al mando de una conspiración de la competencia de Tigo. Una especie de agente cero, cero, pakalko (007) del ciber espacio. Uuuy, me sentí importante. c) El profesor Chavez había tenido una epifanía neorevolucionaria, y se había convertido, ipso facto, al proceso de cambio, abrazando con pasión desenfrenada hasta la nacionalización de las peluquerías de argentinos. ¡Por fin!, clamaron algunos, hizo honor a su apellido bolivariano. d) El Facebook de su escribidor de domingo había sido hakeado por venezolanos para iniciar una campaña maliciosa para realmente nacionalizar Tigo. Madre y amada suegra del susodicho eran apenas dos cortinas de humo. Y yo juro, por esta tierra que se comerá mis huesos, que sólo quería llamar a mi mami y solo quiero un buen servicio.

4) Aparecieron decenas de explicaciones sobre el origen de las fallas de comunicación. Al final desde la cúpula de Tigo vino la explicación más coherente sobre las fallas en las llamadas o las dificultades de completarlas: “falta de espectro electromagnético”, (una especie de carretera virtual por donde circulan las llamadas y datos). Pero como simple mortal me pregunto: ?porqué meten cada vez más usuarios en un espacio electromagnético pequeño?. Al parecer Tigo sacrifica calidad a cambio de una mayor participación de mercado (market share). Así que los usuarios debemos tomar una buena dosis de resignación hasta que el gobierno les de más espectro o rezar a San Cristobal, el santo de los transportistas y los optimizadores de tráfico electrónico y frecuencias, para que nuestras llamaditas salgan rápido de la trancadera electromagnética.

5) Mi queja de Tigo desencadenó una avalancha de criticas a los otros operadores del mercado, Viva y Entel, todas las empresa en el sector de telecomunicaciones tendrían los mismos problemas, mala calidad del servicio y tarifas muy caras. Los consumidores en Bolivia estaríamos escogiendo entre Drácula, el Hombre Lobo o Frainkestain y de nada servía nacionalizar o privatizar estos freaks. En realidad estaríamos frente a un mercado de estructura oligopólica donde las empresa podrían estar, inclusive, actuado de manera anticompetitiva. Entonces el problema no es de propiedad sino de regulacion y control.

6) Para corregir los problemas de precios y calidad, las opciones de políticas públicas son variadas, no creo que nacionalizarlas sea una solucion. Mas bien, se requeriría una Ley de Defensa del Consumidor y una acción regulatoria mas asertiva y eficiente de precios pero sobre todo de calidad por parte del Estado. Un price cap mas un qualty cap. Esto para los economistas. Las quejas a las Odecos no sería más que saludos a la bandera. De parte de las empresas, mas inteligencia estratégica para balancear número de usuarios versus calidad de servicios. Hasta ahora las empresas actúan como minibuseros, intenta meter la mayor cantidad de gente a su espectro. “Recorra, recorra, joven. Una apretadita, hay campo al final, sino le gusta, se baja nomas”.


8) Me atendieron muy bien en Tigo, todas mis interlocutoras tenía voces de Magníficas, eran muy amables, hicieron varios ajustes técnicos y se disculparon del mil maneras por el mal servicio. Me hicieron sentir como santo de pueblo, cubierto de perdones pero sin poder hacer el milagro de comunicarme con mi segunda madre. Aún espero que las disculpas se conviertan en conexiones exitosas, pero agradezco las gentilezas.

9) Mi madre y suegra están movilizadas por una causa equivocada. Me costará varios almuerzos, regalitos y coctelitos de tumbo, disuadirlas. Pretendo recanalizar sus energía nacionalistas en tres objetivos: El empoderamiento de los ciber-ciudadanos, una Ley de Defensa del Consumidor con énfasis en calidad y sobre todo, la portabilidad numérica, esto significa que las personas tengamos un solo número de celular y podamos cambiar de compañía sin perderlo.

La versión resumida fue publicada como nota de opinión en Pagina Siete.

Fuente: Gonzalo Chavez.
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